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Huella hídrica: indicadores clave de sostenibilidad corporativa

Sostenibilidad

26 de febrero de 2026
imagen de un trozo de tierra con falta de agua

La huella hídrica es un indicador medioambiental que mide el volumen total de agua dulce utilizado para producir los bienes y servicios que consumimos, tanto de forma directa como indirecta. Introducido en 2002 por el profesor Arjen Hoekstra de la UNESCO-IHE, este concepto ha pasado a ser una herramienta de referencia para evaluar el impacto real de nuestras actividades sobre los recursos naturales del planeta.

Si quieres entender, gestionar o reducir este impacto desde una perspectiva profesional, puedes estudiar el Máster en Sostenibilidad presencial en Madrid o el Máster en Sostenibilidad online (ESG) de la Escuela de Sostenibilidad de la Universidad Europea. Estas especializaciones universitarias te darán las competencias técnicas y estratégicas necesarias para liderar proyectos de sostenibilidad ambiental en empresas e instituciones, con un plan de estudios orientado a la práctica y al entorno normativo actual.

En este artículo te contamos qué es la huella hídrica, cómo se mide y qué diferencia hay entre sus tipos azul, verde y gris, y entre huella directa e indirecta.

¿Qué es la huella hídrica?

La huella hídrica es un indicador que cuantifica el volumen de agua dulce consumida, evaporada o contaminada en cada etapa de la producción de un bien o servicio. No se limita a medir el agua que usamos directamente en el grifo: también tiene en cuenta toda el agua que ha sido necesaria para producir lo que comemos, lo que vestimos o lo que utilizamos.

Su utilidad es doble ya que, permite a gobiernos, empresas y ciudadanos comprender el impacto real de sus decisiones de consumo sobre los recursos hídricos. Asimismo, actúa también como herramienta de gestión para identificar ineficiencias y diseñar estrategias de reducción. Según datos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), la disponibilidad de agua dulce per cápita se ha reducido un tercio en las últimas dos décadas, por lo que disponer de este tipo de indicadores resulta imprescindible para avanzar hacia un modelo de consumo sostenible.

La huella hídrica complementa a otros indicadores como la huella de carbono, y juntas ofrecen una imagen más completa del impacto ambiental asociado a cualquier actividad productiva.

Colores de la huella hídrica: tipos

La huella hídrica se divide en tres componentes según la procedencia y el tipo de agua involucrada:

  • Azul. 
  • Verde.
  • Gris.

Esta clasificación, establecida por la Water Footprint Network (WFN), es la metodología más extendida a nivel internacional y la base del estándar global de evaluación.

Huella hídrica azul

Corresponde al volumen de agua superficial o subterránea que se extrae para producir un bien o servicio y que no retorna al mismo lugar ni en el mismo periodo. Es el tipo más visible y directamente vinculado a los embalses, acuíferos y ríos. Se asocia principalmente al riego agrícola y a los procesos industriales.

Huella hídrica verde

Hace referencia al agua de lluvia o de deshielo almacenada en el suelo que es absorbida por las plantas durante su crecimiento. Es especialmente relevante en la producción agrícola y forestal, ya que no requiere infraestructuras de captación y, por tanto, suele tener un impacto medioambiental menor.

Huella hídrica gris

Es quizá el componente menos intuitivo: mide el volumen de agua limpia necesario para diluir los contaminantes generados en el proceso productivo hasta alcanzar los niveles de calidad exigidos por la normativa vigente. Refleja el impacto del proceso sobre la calidad del agua, no solo sobre su cantidad.

La suma de estos tres componentes constituye la huella hídrica total de un producto, proceso u organización.

Diferencias entre huella hídrica directa y huella hídrica indirecta

La huella hídrica directa e indirecta se refiere a quién consume el agua y en qué fase del proceso productivo, no al tipo de agua en sí. Esta distinción es clave para entender el alcance real del consumo hídrico tanto de personas como de empresas.

  • La huella hídrica directa engloba el agua que una persona, empresa o institución utiliza de forma visible en sus actividades cotidianas o productivas: el agua que consume un hogar, la que utiliza una fábrica en sus procesos o la que se destina al riego en una explotación agrícola.
  • La huella hídrica indirecta, en cambio, recoge el agua que se ha empleado en las distintas etapas de la cadena de producción de los bienes que consumimos, aunque esa agua haya sido utilizada en otro lugar o por otros actores. Por ejemplo, cuando compramos una camiseta de algodón, la mayor parte de su huella hídrica no la generamos nosotros al lavarla, sino que ya se ha producido durante el cultivo del algodón en origen.

Esta dimensión indirecta es especialmente relevante en el contexto empresarial, donde la sostenibilidad empresarial exige analizar no solo las operaciones propias, sino toda la cadena de valor. Para una empresa, conocer su huella hídrica indirecta permite identificar riesgos en los proveedores y tomar decisiones más responsables en la compra de materias primas.

Cómo medir la huella hídrica

La medición de la huella hídrica se expresa en unidades de volumen por unidad de producto (litros o metros cúbicos por kilogramo, por ejemplo) o por unidad de tiempo en el caso de personas y organizaciones. Existen dos metodologías principales reconocidas a nivel internacional.

La primera es el estándar de la Water Footprint Network (WFN), que comprende cuatro fases:

  • Definición de objetivos.
  • Alcance.
  • Contabilidad de la huella hídrica.
  • Análisis de sostenibilidad.
  • Formulación de respuestas.

Es la más utilizada por su accesibilidad y porque no requiere software especializado para su aplicación básica.

La segunda es la norma ISO 14046:2014, que se basa en el análisis del ciclo de vida (ACV) y se aplica a productos, procesos y organizaciones. Aunque es más compleja y necesita de herramientas informáticas especializadas, ofrece resultados más robustos y está alineado con los estándares de gestión ambiental más exigentes.

Algunos datos ilustran la magnitud de esta medición. Según la Fundación Aquae, el sector agrícola es responsable del 70 % del consumo mundial de agua dulce, seguido de la producción industrial con un 20 %. A escala de producto, producir un kilogramo de carne de vacuno requiere aproximadamente 16.000 litros de agua, mientras que un kilogramo de arroz necesita en torno a 3.000 litros.

En cuanto a países, España registra una huella hídrica de 2.325 metros cúbicos por persona y año, muy por encima de la media mundial, que se sitúa en 1.240 m³ per cápita, según datos de la WFN. Gran parte de esta diferencia se explica por el peso de la agricultura sostenible y el modelo de producción agroalimentaria en nuestro país.

Preguntas frecuentes sobre la huella hídrica

El agua virtual es el volumen de agua que contiene un producto de forma implícita, resultado de todo su proceso de producción. La huella hídrica es un indicador más amplio que analiza ese consumo de agua virtual de forma geográficamente explícita, distinguiendo además el tipo de agua utilizada (azul, verde o gris) y evaluando su sostenibilidad en función del contexto local.

Sí. Existen metodologías adaptadas a distintos niveles de complejidad y recursos. La metodología de la Water Footprint Network permite cálculos básicos sin necesidad de software especializado, mientras que la norma ISO 14046 ofrece un análisis más riguroso para organizaciones con mayor capacidad técnica.

Sí. Cada persona genera una huella hídrica a través de sus hábitos de consumo, especialmente en la alimentación. Reducir el consumo de carne, elegir productos locales de temporada y evitar el desperdicio alimentario son algunas de las acciones con mayor impacto en la huella hídrica individual.

No existe una regulación europea específica que obligue a medir la huella hídrica, pero la Directiva CSRD (Corporate Sustainability Reporting Directive) obliga a las grandes empresas a reportar su impacto sobre el agua dentro de sus informes de sostenibilidad, siguiendo los estándares ESRS (European Sustainability Reporting Standards). Esto está convirtiendo la gestión del agua en un requisito de cumplimiento normativo para un número creciente de organizaciones.