Macarras y Atapuerca. Esos han sido los dos grandes ejes del coloquio en el que se ha profundizado en ambos conceptos y se han establecido sorprendentes similitudes entre ellos. El doctor en Antropología Cultural Iñaki Domínguez y el arqueólogo Álvaro Cantero, acompañados de los profesores de Criminología David Temprano y Julio Díaz, han protagonizado una charla que ha transitado desde los yacimientos prehistóricos hasta los códigos callejeros del presente. La charla ha explorado los vínculos entre la violencia organizada, la pertenencia a grupos y la supervivencia, tanto en el Paleolítico como en los barrios obreros del siglo XX.

Iñaki Domínguez ha ofrecido un recorrido etimológico y sociológico del término macarra, que según explicó tiene origen en el francés maquereau, chulo de burdel. “Pero la palabra en España acabó designando a alguien callejero, violento, con códigos propios, muchas veces vinculado a barrios obreros”, ha explicado. Además, ha añadido que, bandas como La Panda del Moco, procedentes de zonas como el Paseo de La Habana, marcaron una estética y una forma de violencia organizada que, aunque alejada en el tiempo, guarda ciertos paralelismos con los grupos prehistóricos que luchaban por la supervivencia. “La violencia, al final, no deja de ser una forma de someter al otro. Sea con navaja o con hacha”, ha asegurado Domínguez en referencia a la violencia de la prehistoria.
Álvaro Cantero ha centrado su intervención en los hallazgos de la Sima de los Huesos, destacando el caso del Cráneo 17, que ha presentado dos impactos en la frente producidos con un objeto contundente: “Alguien le golpeó, y lo hizo con intención”, ha explicado, señalando que podría tratarse del primer homicidio documentado de la historia. También ha mencionado el caso de Benjamina, una niña con una grave malformación craneal que ha vivido hasta los nueve años, algo que sólo ha sido posible gracias al cuidado de su grupo. “Eso también es importante: en la Prehistoria no todo era violencia. Hay signos claros de solidaridad”, ha remarcado.
Cantero ha aludido además a los restos humanos hallados en otros yacimientos de Atapuerca, como Gran Dolina, donde se han encontrado marcas de canibalismo que podrían interpretarse como prácticas ligadas al conflicto territorial. “Eliminar a los jóvenes de otro grupo puede haber sido una forma de asegurar recursos. Muy de lógica de banda callejera”, ha añadido, en uno de los paralelismos más inesperados del coloquio.
Más allá de las diferencias temporales y culturales, el coloquio ha demostrado que las dinámicas de grupo, la violencia y la solidaridad han sido constantes en la historia humana. Ya sea en una banda callejera del siglo XX o en un clan prehistórico hace cientos de miles de años, los mecanismos de pertenencia, protección y conflicto han seguido patrones similares. La charla ha sido un claro ejemplo de la importancia que la Universidad Europea otorga al desarrollo del pensamiento crítico y al fomento de una mirada interdisciplinar, donde distintas áreas del conocimiento se relacionan de forma complementaria para comprender mejor la realidad.