
¿Qué es una crisis de ausencia y cómo se detecta?
10 de febrero de 2026

Las crisis de ausencia a menudo están relacionadas con la infancia y adolescencia, se trata de breves desconexiones del entorno que requieren atención profesional y un diagnóstico adecuado. En este artículo exploramos qué son, cómo se manifiestan y qué factores pueden provocarlas.
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¿Qué es una crisis de ausencia o petit mal?
Una crisis de ausencia, también conocida como petit mal, es un tipo de crisis convulsiva donde el paciente vive una desconexión breve y repentina del entorno. Aunque puede afectar a personas adultas, es mucho más frecuente en la infancia, especialmente entre los cuatro y los catorce años.
Durante unos segundos, la persona que sufre una crisis de este tipo parece quedarse en blanco: detiene la actividad que estaba realizando, deja de responder a estímulos y mantiene la mirada fija. Puede parecer que está distraída, pero en realidad está experimentando una alteración temporal en la actividad eléctrica del cerebro.
Estas crisis no provocan caídas ni movimientos bruscos, como ocurre en otros tipos de epilepsia. Por eso, muchas veces no se detectan de inmediato, especialmente en el entorno escolar. Sin embargo, cuando son frecuentes, pueden interferir significativamente en el aprendizaje y la vida social del menor.
Características de la crisis de ausencia
Las crisis de ausencia tienen rasgos clínicos muy definidos que permiten diferenciarlas de otras formas de epilepsia o conductas como la ensoñación o la distracción.
Duración y frecuencia
- Suelen durar entre 5 y 15 segundos.
- Pueden repetirse múltiples veces al día, llegando incluso a superar los 100 episodios en una sola jornada.
- La persona afectada retoma la actividad anterior como si nada hubiese ocurrido, sin recordar el episodio.
Comportamiento durante la crisis
Durante una crisis de ausencia es común observar:
- Fijación de la mirada en un punto.
- Parpadeo rápido o movimientos sutiles de los labios.
- Breve desconexión del entorno.
- Ausencia de respuesta verbal o motora.
Estos comportamientos pueden combinarse con otras manifestaciones leves, como un leve tambaleo o movimientos de las manos, pero nunca implican pérdida completa del control muscular ni convulsiones tónicas.
Diagnóstico
El diagnóstico se basa en la observación clínica y en pruebas neurológicas específicas. Una de las principales herramientas es el electroencefalograma (EEG), que permite identificar las alteraciones características en la actividad eléctrica cerebral durante una crisis. En algunos casos, también se recurre a una resonancia magnética nuclear para descartar otras posibles causas estructurales o anomalías en el cerebro. Detectar estas crisis a tiempo es fundamental para iniciar un tratamiento adecuado y minimizar su impacto en el desarrollo académico y emocional de la persona.
Síntomas y causas de la crisis de ausencia
Aunque las crisis de ausencia pueden parecer benignas por su corta duración y su carácter no convulsivo, es importante no subestimarlas, ya que pueden formar parte de síndromes epilépticos más complejos o confundirse con otros trastornos.
Principales síntomas
Además de la desconexión momentánea del entorno, hay otros indicios que pueden alertar sobre la presencia de este tipo de crisis:
- Dificultades académicas sin causa aparente.
- Percepción de “despistes” frecuentes en el aula.
- Repetición de episodios similares en momentos de concentración baja.
- Reacción tardía a la llamada o a estímulos externos.
Este cuadro clínico puede llevar a errores diagnósticos, como atribuir el comportamiento del menor a la falta de atención o incluso a trastornos del neurodesarrollo como el TDAH.
Factores de riesgo de una crisis de ausencia
Las crisis de ausencia suelen tener un componente genético importante. Es común que existan antecedentes familiares de epilepsia u otros trastornos neurológicos. Además, se han identificado ciertos factores que pueden aumentar la probabilidad de padecerlas:
- Alteraciones en la actividad eléctrica del cerebro.
- Cambios hormonales durante la infancia o adolescencia.
- Estimulación visual intensa (por ejemplo, luces parpadeantes).
- Estrés o falta de sueño.
No siempre es posible identificar una causa clara, lo que hace aún más importante el seguimiento por parte de especialistas. Dentro de las ramas de la psicología, la neuropsicología infantil juega un papel esencial en la detección y tratamiento de este tipo de alteraciones.
¿Cómo se tratan las crisis de ausencia?
El tratamiento más habitual para controlar las crisis de ausencia es farmacológico. Los medicamentos anticonvulsivos, como la etosuximida o el ácido valproico, suelen ser eficaces para reducir la frecuencia e intensidad de los episodios. Dependiendo del diagnóstico, la persona puede dejar la medicación tras unos años si se demuestra que las crisis han desaparecido.
Además de los fármacos, el acompañamiento psicológico es clave para abordar los efectos secundarios que pueden tener las crisis de ausencia, especialmente en la infancia y adolescencia. Las funciones del psicólogo infantil incluyen no solo el apoyo emocional al menor, sino también la orientación a familias y educadores.
También es recomendable adaptar el entorno educativo para minimizar los efectos negativos en el rendimiento académico. Esto puede incluir desde modificaciones en la evaluación hasta un seguimiento individualizado por parte del profesorado.
Las crisis de ausencia son un fenómeno neurológico complejo que puede afectar significativamente la vida de quienes las experimentan, especialmente durante la infancia. Aunque se manifiestan de forma sutil, su impacto es real y requiere atención especializada.
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