La inteligencia artificial ya no se presenta como una promesa lejana ni como una innovación pendiente de llegar. Ya está dentro del aula, en la forma en la que los estudiantes escriben, aprenden, preguntan y reflexionan. Desde esa convicción ha intervenido Javier Camacho, vicedecano de Empresa y Business Analytics de la Universidad Europea, en una nueva edición de Forbes Artificial Intelligence Summit 2026, celebrada en Forbes House bajo el concepto IA como infraestructura del nuevo orden económico.

Camacho ha participado en una mesa moderada por Bárbara Manrique de Lara, directora editorial de Forbes Summits, junto a Marcel·lí Zuazua, fundador del IA Hub Barcelona, y Carla Nyman, escritora y directora escénica. En ese espacio de reflexión sobre el impacto de la IA en la generación de conocimiento, la creatividad, la cultura y la construcción del pensamiento contemporáneo, el representante de la Universidad Europea ha trasladado una visión muy conectada con uno de los grandes retos de la educación superior, cómo integrar la tecnología sin renunciar a la capacidad de análisis, al pensamiento propio y a la formación humanista.
“Hoy la inteligencia artificial no es una promesa, ya está cambiando en el día a día la forma en la que los estudiantes escriben, aprenden, se preguntan y reflexionan”, ha señalado. A partir del trabajo del Observatorio de Inteligencia Artificial en Educación Superior impulsado por la Universidad Europea sobre el impacto de la inteligencia artificial en la educación superior, Camacho ha defendido que el gran desafío ya no está solo en acceder a respuestas, sino en formar criterio para interpretarlas y darles sentido: “Lo escaso no es la respuesta, va a ser ese criterio”, ha resumido.
Durante su intervención, el vicedecano ha subrayado tres capacidades que la universidad debe seguir cultivando con especial atención. La primera es el juicio, entendido como la capacidad de discernir, evaluar y sostener pensamiento propio en un entorno donde los sistemas generan contenidos, ideas e incluso propuestas de decisión a gran velocidad. La segunda es la metacognición, es decir, la conciencia sobre cómo está cambiando nuestra propia manera de pensar a medida que delegamos tareas en la IA. Y la tercera es la formación humanista, que ha reivindicado como un elemento imprescindible en la preparación de cualquier profesional: “Es impensable formar a cualquier tipo de profesional sin una reflexión ética, social, cultural y filosófica”, ha afirmado.
Camacho ha compartido algunos datos extraídos del observatorio desarrollado en la Universidad Europea, que apuntan a una brecha especialmente relevante entre uso, conocimiento, dominio y preocupación. Según ha explicado, en una muestra de 400 estudiantes universitarios, alrededor del 80 % utilizaba inteligencia artificial, pero solo el 10 % reconocía tener cierto dominio sobre cómo hacerlo, mientras entre un 60 y un 70 % mostraba preocupación por volverse demasiado dependiente o por perder capacidad crítica: “Cuando delegamos en la IA de manera autómata, podemos ganar velocidad, pero perdemos agarre”, ha advertido.
Frente a ese escenario, el representante de la Universidad Europea ha defendido que la institución universitaria no puede limitarse a enseñar a utilizar herramientas, sino que debe proteger capacidades que resultan decisivas para el aprendizaje y para el ejercicio profesional. Entre ellas ha destacado la atención profunda, sin la cual no hay lectura exigente ni pensamiento complejo, una relación rigurosa con la verdad en un entorno donde proliferan contenidos verosímiles pero falsos, y la capacidad de conversación, escucha e interrelación humana: “No basta con enseñar a usar las herramientas, sino que hay que hacerlo sin que nadie abdique de su responsabilidad ni de su autonomía intelectual”, ha señalado.
Con esta intervención, Javier Camacho ha proyectado una de las ideas que articulan el modelo académico de la Universidad Europea, que la tecnología solo adquiere valor cuando se integra con sentido pedagógico y al servicio de una formación más completa. En un momento en el que la inteligencia artificial está transformando profesiones, procesos y formas de aprender, la universidad refuerza así su papel como espacio desde el que formar no solo en competencias técnicas, sino también en criterio, responsabilidad y capacidad para comprender el alcance de los cambios que ya están definiendo el presente.