- La investigación analiza por qué muchas personas centenarias conservan un sistema inmune funcional y una mayor resistencia a enfermedades asociadas al envejecimiento
- Los centenarios se sitúan como un modelo único para investigar cómo retrasar el deterioro asociado a la edad, según un estudio publicado en Nature Reviews Immunology en el que participa la Universidad Europea

Comprender por qué algunas personas alcanzan los 100 años con una notable capacidad funcional y una mayor resistencia a enfermedades asociadas al envejecimiento es uno de los grandes retos de la ciencia biomédica actual. Esa es la pregunta que aborda The long-lived immune system of centenarians, una investigación internacional publicada en la revista de la familia Nature en la que participan investigadores de la Universidad Europea y que concluye que muchos centenarios conservan rasgos inmunológicos propios de personas mucho más jóvenes.
El trabajo revisa la evidencia científica disponible sobre el sistema inmune de las personas centenarias y pone el foco en un rasgo diferencial. Pese a su edad avanzada, muchas de ellas muestran una función inmunológica relativamente preservada y una mayor resistencia frente a procesos vinculados al envejecimiento del sistema inmune y a la inflamación crónica de bajo grado. Estas características resultan todavía más marcadas en semisupercentenarios y supercentenarios, cuyos perfiles inmunológicos pueden asemejarse, en algunos aspectos, a los de adultos mucho más jóvenes.
Entre los hallazgos más relevantes, la revisión destaca una menor activación de mecanismos inflamatorios patológicos, una mayor capacidad de autofagia celular y firmas transcriptómicas, epigenéticas y microbianas compatibles con una mejor preservación de la función inmune. También apunta a una mejor vigilancia inmunológica, una diversidad microbiana intestinal más conservada y patrones de expresión génica en células inmunes circulantes que recuerdan a los de personas de menor edad.
En conjunto, los resultados refuerzan la idea de que la longevidad extrema no depende de un único factor, sino de una adaptación coordinada del organismo que permite mantener el equilibrio inmunológico y una mayor resistencia frente a la enfermedad. Al mismo tiempo, el trabajo subraya que siguen existiendo interrogantes relevantes, como la necesidad de ampliar los estudios longitudinales y de comprender mejor qué ocurre a nivel de tejidos y órganos, más allá de los análisis realizados en sangre periférica.
La publicación reúne a los investigadores de la Universidad Europea Pedro Carrera-Bastos, Borja del Pozo Cruz y Alejandro Lucía con Abel Plaza-Florido, Inmaculada Pérez-Prieto, Carmen Fiuza-Luces, Shlomit Radom-Aizik, Claudio Franceschi, Alejandro López-Soto y Carlos López-Otín, dentro de un equipo científico internacional vinculado a instituciones como la University of California Irvine, el Copenhagen University Hospital Hvidovre, el Hospital 12 de Octubre, la Universidad de Oviedo, la Universidad de Nebrija, la Lobachevsky State University y el CIBER de Fragilidad y Envejecimiento Saludable.
“El sistema inmune de muchos centenarios muestra rasgos que ayudan a explicar una vida más larga y una mayor resistencia frente a enfermedades asociadas al envejecimiento”, señala Alejandro Lucía, catedrático de la Facultad de Medicina, Salud y Deportes de la Universidad Europea, cuya investigación cuenta con financiación del Wereld Kanker Onderzoek Fonds (WKOF) en el marco del programa de subvenciones del World Cancer Research Fund International. A su juicio, la evidencia revisada apunta a que “la longevidad extrema no responde a un único mecanismo, sino a una adaptación coordinada del organismo que permite preservar funciones inmunológicas clave durante más tiempo”.
En la misma línea, el doctorando de la Facultad de Ciencias Biomédicas y de la Salud en la Universidad Europea, Pedro Carrera-Bastos, subraya que “los datos disponibles sugieren que estas personas logran modular mejor procesos vinculados a la inflamación crónica de bajo grado, la autofagia celular o la vigilancia inmunológica, lo que podría abrir nuevas vías para comprender cómo envejecemos”. Por su parte, el investigador sénior de la Universidad Europea, Borja del Pozo, destaca que “estudiar a centenarios, semisupercentenarios y supercentenarios ofrece una oportunidad única para identificar factores que no solo contribuyan a vivir más años, sino a hacerlo con mejor salud y mayor funcionalidad”.
La doctora Giota Mitrou, directora ejecutiva de Investigación y Políticas del Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer (WCRF International), ha explicado: “Este artículo de revisión, único en su género, aporta una perspectiva muy necesaria sobre el sistema inmunitario de los centenarios, sobre todo teniendo en cuenta que este grupo demográfico sigue creciendo. El cáncer se considera a menudo una enfermedad del envejecimiento, pero los datos de esta población sugieren que su incidencia no aumenta indefinidamente y que comienza a disminuir a partir de cierta edad. Mantener el equilibrio del sistema inmunitario puede ser importante para ayudarlo a funcionar correctamente y evitar la inflamación a largo plazo. Se necesita más investigación para comprender mejor cómo la función inmunitaria podría ayudar a mejorar la salud a medida que las personas envejecen”.
Comprender cómo algunas personas alcanzan los 100 años con un sistema inmune más preservado no solo ayuda a explicar la longevidad extrema, sino que también puede ofrecer pistas decisivas para mejorar la salud durante el envejecimiento. En esa frontera del conocimiento se sitúa esta investigación, que vuelve a poner de relieve la aportación de la Universidad Europea a una ciencia de excelencia, colaborativa y con impacto real en la vida de las personas.