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Dispraxia: qué es y cómo afecta al aprendizaje

Educación

15 de septiembre de 2026
Dificultad con la persistencia de la tarea en niños con autismo o dispraxia

La dispraxia es una alteración del neurodesarrollo que dificulta la coordinación y la ejecución de movimientos. Este trastorno del desarrollo de la coordinación (TDC), como se conoce en el ámbito clínico, puede repercutir en actividades cotidianas y escolares como escribir, recortar, vestirse o practicar deporte, sin que implique una menor capacidad intelectual.

Para los profesionales de la educación, conocer estas dificultades permite detectar señales de alerta y adaptar las actividades sin confundir los problemas motores con falta de esfuerzo o capacidad. Se trata de conocimientos especializados como los que se abordan en el Máster en Neuroeducación de la Universidad Europea, que profundiza en los aspectos neurocognitivos del aprendizaje. Esta titulación, impartida por profesionales de referencia como Daniel Millán, destaca por su metodología experiencial que incluye actividades en el laboratorio de simulación educativa eLab.

Para empezar, vamos a ver en detalle en qué consiste la dispraxia, cómo identificarla en el aula y cómo abordarla con una intervención educativa práctica.

¿Qué es la dispraxia y cuál es la diferencia con la apraxia?

La dispraxia o TDC es un trastorno que afecta al desarrollo de las habilidades motoras y provoca movimientos menos precisos o coordinados de lo esperado para la edad. La American Psychiatric Association lo incluye entre los trastornos motores del neurodesarrollo y señala que sus dificultades pueden interferir en la vida diaria, el rendimiento escolar, el trabajo y el juego.

Puede entenderse dentro de la neurodivergencia y del conjunto de trastornos del neurodesarrollo, pero no debe confundirse con la inmadurez neurológica. Para hablar de TDC, las dificultades de coordinación deben tener una repercusión significativa en las actividades cotidianas.

La dispraxia también se confunde a veces con la apraxia, una alteración neurológica que dificulta realizar movimientos voluntarios aprendidos, aunque la persona tenga capacidad física para ejecutarlos.

Ambas pueden implicar dificultades para planificar y ejecutar movimientos voluntarios coordinados, pero no son términos intercambiables. La dispraxia afecta al desarrollo de la coordinación motora desde la infancia, mientras que la apraxia puede aparecer después de haber aprendido determinados movimientos, aunque también existen formas infantiles.

Además, la dispraxia suele manifestarse en forma de torpeza, lentitud o falta de precisión, mientras que la apraxia dificulta planificar y realizar correctamente determinados movimientos aprendidos.

Síntomas y señales de alerta en el aula

Las señales de dispraxia suelen hacerse visibles cuando una tarea exige coordinar varios movimientos o ejecutarlos con precisión. Algunos estudiantes pueden alcanzar determinados hitos motores más tarde y mostrar dificultades a la hora de dibujar, escribir o participar en actividades deportivas.

En el aula pueden observarse, entre otras, las siguientes manifestaciones:

  • Escritura lenta o poco legible, con dificultad para controlar el lápiz.
  • Problemas para recortar, dibujar y utilizar reglas u otros materiales escolares.
  • Dificultad para copiar información o completar actividades dentro del tiempo previsto.
  • Torpeza en los juegos, las clases de educación física u otras actividades que requieren equilibrio y coordinación.
  • Problemas para aprender y automatizar nuevas secuencias de movimientos.
  • Mayor esfuerzo para organizar materiales y realizar determinadas tareas cotidianas.

Estas señales no bastan por sí solas para diagnosticar una dispraxia. La valoración corresponde a los profesionales adecuados y puede incluir la intervención de neurólogos, neuroeducadores, pediatras, terapeutas ocupacionales u otros especialistas.

Dispraxia verbal: cuando la dificultad afecta al habla

La expresión dispraxia verbal se utiliza en algunos contextos para referirse a la apraxia infantil del habla. En este trastorno, el niño sabe qué quiere decir, pero tiene dificultades para planificar correctamente los movimientos necesarios para producir los sonidos del habla.

Según la ​American Speech-Language-Hearing Association (ASHA), algunas señales son pronunciar una misma palabra de maneras diferentes, alterar el acento de las sílabas, distorsionar sonidos o expresarse con mayor claridad mediante palabras cortas. También pueden existir dificultades asociadas en la lectura, la ortografía y la escritura.

Su evaluación y tratamiento corresponden principalmente a profesionales de la logopedia. En el aula, el docente puede colaborar respetando el tiempo que necesita el estudiante para expresarse, evitando completar constantemente sus frases y coordinando las adaptaciones con la familia y los especialistas.

¿Cómo afecta la dispraxia al aprendizaje escolar?

La dispraxia no reduce la inteligencia, pero las dificultades de coordinación pueden hacer que a los estudiantes les cueste más tiempo y esfuerzo realizar actividades como las siguientes:

  • Escritura: coger el lápiz, controlar el trazo, mantener un ritmo adecuado o distribuir el texto en el espacio.
  • Organización: preparar materiales, seguir secuencias de varios pasos o gestionar el tiempo.
  • Educación física: correr, saltar, lanzar o atrapar objetos y aprender nuevos movimientos.
  • Lectura y producción escrita: si existen otros trastornos asociados, las dificultades pueden extenderse a la lectura, la ortografía o la expresión escrita. La disortografía, por ejemplo, es una dificultad diferente y no debe atribuirse automáticamente a la dispraxia.
  • Participación escolar: las tareas que exigen rapidez o precisión motora pueden generar frustración y dificultar que el estudiante muestre todo lo que sabe.

Por ello, conviene analizar cada caso dentro del conjunto de dificultades de aprendizaje que pueden aparecer en el aula y evitar atribuir todos los problemas académicos a una única causa.

Estrategias de intervención educativa para docentes

La intervención educativa ante la dispraxia debe centrarse en reducir las barreras que plantea la tarea y facilitar que el estudiante pueda demostrar sus conocimientos.

No existe una única adaptación adecuada para todos los casos. No obstante, gracias al conocimiento sobre los procesos de aprendizaje que ofrece la neuroeducación, el docente puede aplicar estrategias ajustadas a las necesidades individuales. Entre las medidas que pueden resultar útiles se encuentran:

  • Dividir las tareas complejas en pasos breves y practicarlos de manera progresiva.
  • Dar instrucciones claras y, cuando sea útil, combinar explicaciones orales con apoyos escritos o visuales.
  • Conceder más tiempo para tareas que exijan mucha coordinación motora o producción escrita.
  • Reducir las copias extensas cuando no sean el objetivo principal del aprendizaje.
  • Facilitar herramientas que mejoren el agarre del lápiz o utilizar recursos tecnológicos cuando estén indicados.
  • Mostrar físicamente una actividad antes de pedir que se reproduzca y permitir varias oportunidades de práctica.
  • Evaluar los conocimientos mediante formatos alternativos cuando la dificultad motora pueda distorsionar el resultado.
  • Coordinar las adaptaciones con orientación educativa, haciendo partícipes a familiares y profesionales sanitarios.

Para quienes quieran orientar su trayectoria profesional hacia este ámbito, las carreras de educación de la Universidad Europea ofrecen diferentes itinerarios docentes, como las menciones vinculadas a Audición y Lenguaje o Pedagogía Terapéutica.

Preguntas frecuentes sobre dispraxia

No necesariamente, el TDC comienza durante el desarrollo y sus efectos pueden continuar durante la adolescencia y la edad adulta, aunque muchas personas desarrollan estrategias que les permiten afrontar mejor determinadas tareas.

La dispraxia en adultos puede provocar dificultades en la motricidad fina y gruesa, el equilibrio o la percepción espacial. También puede afectar al aprendizaje de nuevas habilidades, la organización del tiempo y el recuerdo de determinada información.

El TDC es un trastorno del neurodesarrollo motor, no un trastorno específico del aprendizaje. Sin embargo, puede interferir de forma importante en el aprendizaje escolar, especialmente cuando las tareas requieren escritura, coordinación, velocidad u organización.

El diagnóstico requiere una valoración especializada y puede implicar a distintos profesionales según el caso. Entre ellos, pueden encontrarse pediatras, terapeutas ocupacionales y otros especialistas capaces de evaluar el desarrollo y descartar otras causas de las dificultades motoras.