La inteligencia artificial avanza a una velocidad difícil de comparar con cualquier otra transformación tecnológica reciente, pero ese ritmo plantea también una pregunta especialmente relevante para la universidad, qué capacidades merece la pena proteger cuando las máquinas son capaces de asumir cada vez más tareas. Con esa reflexión de fondo, Senén Barro, uno de los grandes expertos españoles en inteligencia artificial, catedrático de Computación e Inteligencia Artificial y director científico del CiTIUS de la Universidad de Santiago de Compostela, ha inaugurado el curso académico de la Escuela de Arquitectura, Ingeniería, Ciencia y Computación - STEAM de la Universidad Europea.

Barro, autor del libro ¿Poden pensar as máquinas? y miembro del Observatorio de Inteligencia Artificial en Educación Superior (OIAES) de la Universidad Europea, ha recorrido durante su intervención la evolución de la IA, desde los primeros sistemas basados en conocimiento hasta el aprendizaje automático, el aprendizaje profundo y los grandes modelos actuales. Una transformación que, según ha explicado, se está acelerando de manera extraordinaria gracias a la mejora de los algoritmos, el aumento de la capacidad de cómputo, la disponibilidad de datos y una inversión sin precedentes. “En meses, los avances son espectaculares. Las mejoras en la capacidad y en la autonomía de la inteligencia artificial están creciendo a un ritmo brutal”, ha señalado.
Ese avance, sin embargo, no significa que la tecnología haya resuelto todos los retos que se le atribuyen. El catedrático ha querido marcar distancia con algunos de los discursos más entusiastas sobre la llamada Inteligencia Artificial General y ha recordado que los sistemas actuales siguen mostrando limitaciones importantes en su comprensión del mundo físico, el sentido común o la capacidad para responder ante situaciones que se alejan de los datos con los que han sido entrenados. “La IA no es ni tan inteligente ni tan artificial como nos venden a veces”, ha advertido, poniendo el foco en la necesidad de conocer tanto sus capacidades como sus límites.
La ciencia y el mercado laboral han ocupado también buena parte de su intervención. Barro ha señalado la investigación científica como uno de los ámbitos donde la inteligencia artificial ya está produciendo avances especialmente relevantes, desde el descubrimiento de nuevos materiales hasta el desarrollo de medicamentos o la predicción de estructuras de proteínas. Al mismo tiempo, ha recordado que la automatización está alcanzando profesiones y tareas que hace apenas una década parecían difíciles de sustituir, incluidas aquellas relacionadas con la creatividad, la consultoría o las industrias culturales.

Precisamente ahí ha situado uno de los principales retos para la Educación Superior. Frente a una tecnología capaz de realizar cada vez más tareas técnicas, Barro ha reivindicado competencias profundamente humanas como el pensamiento crítico, la creatividad, la capacidad analítica, la curiosidad, la resiliencia, la flexibilidad o el aprendizaje a lo largo de la vida. Capacidades que, como ha defendido, deben ocupar un lugar cada vez más importante en la formación universitaria. “Queremos personas creativas, con pensamiento crítico y sentido común. Por el resto, cada vez harán más cosas las máquinas inteligentes”, ha resumido.
Su intervención ha terminado poniendo el foco en un riesgo que va más allá de la propia evolución tecnológica, la denominada delegación cognitiva, es decir, la posibilidad de que delegar de forma sistemática tareas intelectuales en la inteligencia artificial termine reduciendo algunas de nuestras propias capacidades. Una reflexión especialmente pertinente para una comunidad universitaria que ya convive diariamente con estas herramientas y que conecta con el trabajo que desarrolla el OIAES de la Universidad Europea para analizar su impacto en la Educación Superior. En ese escenario, el reto no pasa únicamente por incorporar la inteligencia artificial a las aulas, sino por hacerlo sin renunciar a aquello que sigue dando sentido al aprendizaje, pensar, cuestionar, comprender y desarrollar criterio propio.