Más del 60 % del alumnado universitario juega habitualmente y casi la mitad ya utiliza este tipo de videojuegos, según un estudio de la Universidad Europea de Valencia

Los videojuegos han dejado de ser solo ocio para consolidarse como una vía estratégica de aprendizaje, sensibilización y transmisión de valores entre la generación Z. Así lo demuestra una investigación del grupo GISO‑Lab de la Universidad Europea de Valencia, que revela el enorme potencial de los serious games, videojuegos diseñados con fines educativos o sociales, para conectar con las nuevas formas de aprender de los estudiantes universitarios.
El estudio, realizado con una muestra de 314 estudiantes de distintas áreas de conocimiento, confirma la magnitud del fenómeno: más del 60 % se identifica como jugador habitual, con una media de 8,7 horas semanales, y casi la mitad ha utilizado ya serious games. Estos datos evidencian que el videojuego se ha integrado plenamente en el ecosistema cultural juvenil, convirtiéndose en un canal natural para la adquisición de conocimientos y valores.
Uno de los hallazgos más relevantes es la existencia de una brecha entre el uso real y el conocimiento conceptual de estos videojuegos. “Muchos estudiantes han jugado a serious games sin ser plenamente conscientes de ello”, explica Nuria Alabau‑Tejada, Investigadora y coordinadora del grado en Marketing de la UEV. Esta desconexión abre una oportunidad estratégica para integrar de manera más explícita estas herramientas en la educación superior.
El perfil del jugador también influye: quienes se consideran gamers muestran un mayor nivel de conocimiento y aceptación de este formato. Sin embargo, el interés se extiende incluso entre quienes no los han utilizado, lo que apunta a un amplio margen de crecimiento en entornos universitarios.
En cuanto a los contenidos, la generación Z prioriza temáticas alineadas con sus inquietudes actuales: salud y bienestar, intervención en emergencias, educación financiera o tecnología. Estas preferencias conviven con valores prosociales como la familia, la amistad o el bienestar personal, así como con el interés por los debates sociales contemporáneos.
Para Fátima Gómez‑Sota, Investigadora y profesora titular de Sociología de la Universidad Europea de Valencia, el valor diferencial de los serious games reside en su capacidad para transformar la experiencia de aprendizaje: “Motivan, fomentan la participación activa y permiten abordar contenidos complejos desde una perspectiva experiencial”. En este sentido, el alumnado valora especialmente su uso como complemento a las metodologías tradicionales.
Desde el grupo de investigación de la UEV, GISO‑Lab, concluyen que los serious games no son una tendencia pasajera, sino una herramienta con un alto potencial transformador: una nueva forma de educar que conecta con los códigos culturales de una generación digital activa y cada vez más comprometida. “No se trata solo de jugar, sino de generar experiencias con sentido que impulsen el aprendizaje y la reflexión social”, subraya Nuria Alabau‑Tejada.