- "El reto es diseñar un protocolo nutricional flexible que se adapte en tiempo real", afirma Antonio Zoido Brugarolas, profesor del Máster en Trastornos de la Conducta Alimentaria y Obesidad de la Universidad Europea de Andalucía
- La gestión de la fatiga acumulada, el diseño de pautas de hidratación hiper precisas y la crononutrición marcarán la diferencia entre el éxito y el fracaso físico en el Mundial con una dispersión geográfica sin precedentes

Jugar a más de 2.200 metros de altitud, encadenar vuelos de seis horas y soportar drásticos cambios de huso horario. El Mundial de 2026 en Estados Unidos, México y Canadá está poniendo a prueba el límite del cuerpo de los futbolistas. En este escenario, la individualización nutricional deja de ser un complemento para convertirse en una prioridad absoluta, ya que "los equipos que llegan con un protocolo adaptado y trabajado al contexto geográfico y a su cultura gastronómica parten con una ventaja real y medible sobre sus rivales", asegura Antonio Zoido, profesor del Máster en Trastornos de la Conducta Alimentaria y Obesidad de la Universidad Europea de Andalucía.
Las enormes distancias entre las ciudades anfitrionas supondrán un desgaste físico silencioso pero constante para las selecciones. “El torneo representa, desde el punto de vista de la fisiología del estrés, un escenario sin parangón en la historia de la competición”. Para explicar este castigo, el docente destaca el impacto de enfrentar "cambios repetidos de huso horario, el sobreesfuerzo en altitudes que superan los 2.200 metros y fluctuaciones térmicas que pueden oscilar más de 20°C entre sedes”.
Las selecciones que avancen en el torneo se verán obligadas a realizar continuos desplazamientos de hasta seis horas, un tránsito continuo que impacta sobre la motilidad intestinal, la calidad del sueño, la sensibilidad a la insulina y la capacidad de absorción de nutrientes. Ante esta acumulación de estrés, Zoido señala que “los efectos no se anulan entre sí, se acumulan; esto supone que las decisiones sobre alimentación durante el viaje estén protocolizadas con antelación, el equipo que improvisa seguramente va a salir mal parado”.
Enfrentarse al calor extremo y a la falta de oxígeno va a obligar a los cuerpos médicos a combatir escenarios climáticos extremos en cada sede. Jugar con calor sofocante o en altura dispara la pérdida de fluidos de forma drástica. Solo al respirar en altitud, un futbolista puede perder hasta un litro y medio de agua extra al día. Para mitigar este desgaste, Zoido explica que “la hidratación de precisión, basada en la tasa de sudoración individual y no en recomendaciones genéricas, es uno de los avances más relevantes de la nutrición deportiva aplicada en la última década”. El experto detalla que, para evitar calambres o golpes de calor, las selecciones podrían desglosar su estrategia en cinco fases:
- Medir la tasa de sudoración: analizar individualmente cuánto suda cada jugador y cuántas sales pierde.
- Preparación con sodio: en las horas anteriores al partido, así como durante, y especialmente bajo calor extremo, administrando bebidas específicas, óptimas en sodio para que el cuerpo retenga el agua necesaria para mantener el esfuerzo físico.
- Líquidos fríos en carrera: beber agua o isotónicos a una temperatura de entre 10 y 15°C durante el esfuerzo reduce de forma refleja la temperatura interna del cuerpo y mejora el rendimiento.
- Utilización de mentol y glicerol: al añadir mentol a la bebida, podemos aumentar la estimulación del receptor TRPM8, conocido como receptor del frío, enviando una señal de refresco al cerebro que actúa a nivel celular. Esta señal la interpreta el cerebro generando una sensación de frescor aumentando el confort térmico y puede hacer mejorar el rendimiento en ambientes calurosos. Con respecto al glicerol, este se utiliza como agente hiper hidratante y rehidratante, es decir, de uso previo y posterior al ejercicio.
- Granizados de hielo en el descanso: tomar granizados de hielo ayuda a enfriar el organismo rápidamente por dentro y retrasa la fatiga térmica.
Volar a gran altura para moverse entre estas sedes también supone otro reto físico ya que deshidrata, puede retrasar la digestión y desajusta el reloj interno del futbolista. Para combatirlo, las selecciones aplican la crononutrición. “Los nutrientes actúan como sincronizadores externos sobre los relojes de nuestro cuerpo”, detalla Zoido. Así, una ingesta completa y adaptada al aterrizar acelera la adaptación al nuevo huso horario, mientras que a bordo se veta el alcohol y la cafeína para proteger el descanso de la plantilla.
Los futbolistas, además, llegan a esta cita tras una temporada con muchos partidos y poco descanso con la energía bajo mínimos y posibles micro lesiones no resueltas. Sin embargo, una intervención precoz, personalizada y multidimensional puede devolver la vitalidad a los deportistas antes del torneo. Zoido asegura que este tratamiento es fundamental porque “es la intervención con mayor impacto en la recuperación funcional precompetición”, y detalla que los cuerpos médicos deben actuar simultáneamente en al menos, cincos frentes clave:
- Recargar el combustible muscular: mediante pautas de ingestas de carbohidratos fáciles de asimilar para reponer rápidamente las reservas de energía del cuerpo.
- Reparación de fibras musculares: pautando proteínas que faciliten la recuperación tras el stress fisiológico de la actividad física
- Rehidratación: con el conocido protocolo de 1,5 litros por cada kg de peso corporal perdido por deshidratación.
- Corregir carencias de nutrientes: proporcionado al organismo los nutrientes necesarios para la óptima recuperación, revitalizando mediante frutas, verduras y hortalizas, proporcionando vitaminas, minerales, antioxidantes y fibras.
- Optimizar el descanso: con pautas adecuadas para que haya una calidad del sueño y acelerar la recuperación.
Tras el pitido final, el cuerpo del futbolista, y en especial su sistema digestivo, se encuentra bajo un nivel de estrés máximo. Por ello, Zoido recuerda que “en nutrición deportiva de élite, los 30-45 minutos tras el pitido final son claves y no es el momento para experimentar”. En ese breve periodo, el cuerpo exige una bandeja de comida rica en proteínas de alta calidad e hidratos de alto índice glucémico, como arroz con pescado, plátano, batidos con proteínas y carbohidratos, bocadillos o incluso preparaciones como sushi, una buena rehidratación y el aporte de micronutrientes para aprovechar la máxima actividad metabólica y no perder un tiempo de recuperación que luego no se puede compensar. En este punto es muy importante haber trabajado previamente en las preferencias de los futbolistas de cara a que les sea atractiva la ingesta.
Paralelamente a la correcta alimentación para el alto rendimiento deportivo, la maleta médica de las selecciones debe apostar por suplementos con evidencia científica sólida. “Los nitratos merecen mención especial en el contexto del Mundial 2026", puntualiza el profesor de la Universidad Europea de Andalucía, ya que pueden "mejoran el rendimiento en ejercicio de alta intensidad con efectos particularmente relevantes en condiciones de hipoxia moderada como las que se dan en Ciudad de México”. A esto se pueden sumar alimentos funcionales de alta densidad como las cerezas ácidas o el glicerol o la conocida creatina monohidrato.
Como ejemplifica el docente, “un lateral que cubre 12-13 km por partido, con una alta proporción de sprints de alta intensidad, tiene unas necesidades de glucógeno muscular o de hidratación muy distintas a las de un portero o a las de un mediocentro”. Por ello, el trabajo individual es muy importante para que conozcan sus necesidades con autonomía, es primordial y evaluamos desde las preferencias de cada jugador hasta la tolerancia de alimentos como de suplementos.
Más allá de la pura fisiología y la bioquímica, la planificación alimentaria en un evento de esta magnitud posee una profunda dimensión psicológica y de identidad. Comer fuera de casa durante semanas bajo una presión extrema también puede generar una enorme exigencia donde, según detalla Zoido Brugarolas, “un futbolista que come bien, pero come ajeno a sus hábitos, a su cultura y a su entorno emocional, está comiendo en un estado de estrés, aumentando la carga alostática”. Esta situación acaba comprometiendo la digestión, el sueño y el rendimiento de formas que ningún suplemento puede compensar.