¿Qué puede enseñar un paciente a quien se está preparando para trabajar en el sistema sanitario? La respuesta ha centrado la última sesión de PULPIT, un proyecto internacional que ha acercado a estudiantes de Medicina, Enfermería y Fisioterapia de la Universidad Europea a la experiencia real de personas que conviven con enfermedades crónicas.

Los 13 estudiantes y cuatro pacientes con enfermedades crónicas que han participado en este programa se han reunido de nuevo para compartir lo aprendido durante las semanas anteriores. La sesión ha puesto el foco en cuestiones que difícilmente pueden abordarse únicamente desde los conocimientos clínicos, como la forma de comunicarse con una persona en momentos de vulnerabilidad, el peso que pueden tener las palabras de un profesional sanitario o la importancia de incorporar al paciente a las decisiones sobre su propia salud.
Una de las principales conclusiones ha sido precisamente la necesidad de mirar más allá del diagnóstico. “Detrás de una enfermedad siempre hay una persona”, recoge una de las reflexiones elaboradas por los estudiantes tras la experiencia. Escuchar directamente cómo una enfermedad modifica la vida cotidiana, las relaciones personales o las expectativas de futuro les ha permitido entender de otra manera el papel que tendrán cuando comiencen a ejercer como profesionales sanitarios.
Otro de los estudiantes ha destacado especialmente el valor de construir una relación que permita al paciente sentirse escuchado y acompañado. La experiencia le ha llevado a reflexionar sobre el tipo de profesional sanitario que quiere llegar a ser y sobre la importancia de combinar el conocimiento científico con la escucha activa, el apoyo y la capacidad de generar confianza.
El paciente también participa en las decisiones
Las conversaciones han mostrado que una atención sanitaria de calidad pasa por reconocer la autonomía de quien recibe los cuidados. Los estudiantes han reflexionado sobre la importancia de preguntar, escuchar y comprender qué significa para cada persona tener una buena calidad de vida, evitando reducirla únicamente a su enfermedad o a sus limitaciones.
Una de las reflexiones grupales recoge que escuchar la historia de una persona puede resultar tan importante como aplicar correctamente los conocimientos adquiridos, porque cada paciente afronta la enfermedad desde circunstancias, prioridades y expectativas diferentes.

Los propios pacientes han valorado durante la sesión la evolución que perciben en las nuevas generaciones de profesionales sanitarios, especialmente en su capacidad para comunicarse, escuchar y hacerles partícipes de las decisiones. También han insistido en que la experiencia del paciente depende del conjunto de profesionales que intervienen en su atención y de la forma en que todos ellos contribuyen, desde sus respectivas responsabilidades, a acompañar a la persona durante el proceso asistencial.
Esta mirada ha conectado con otro de los aprendizajes centrales de PULPIT, la necesidad de trabajar de forma interprofesional. Los estudiantes han participado en grupos integrados por futuros profesionales sanitarios de diferentes áreas, lo que les ha permitido conocer distintas formas de aproximarse a un mismo paciente y comprender que muchas situaciones requieren respuestas construidas de manera conjunta.
Aprender de quien vive la enfermedad
Antes de llegar a esta última sesión, los participantes han recorrido diferentes etapas. Tras una formación inicial, los estudiantes han trabajado en pequeños grupos junto a personas con enfermedades crónicas y han mantenido encuentros centrados en conocer cómo la enfermedad ha influido en sus vidas y en su relación con el sistema sanitario. Posteriormente, han elaborado una reflexión individual y grupal que ha servido como punto de partida para el encuentro final.
El profesor José Miguel Mansilla se ha encargado de la formación previa prevista en el protocolo del proyecto para estudiantes y pacientes y del acompañamiento durante su desarrollo.
Las reflexiones muestran hasta qué punto el contacto directo ha cambiado algunas ideas previas. Algunos estudiantes reconocen que habían llegado esperando aprender principalmente sobre enfermedades, tratamientos o limitaciones y que terminaron comprendiendo cuestiones mucho más amplias relacionadas con la autonomía, el entorno familiar, la capacidad de adaptación o la manera en que cada persona decide convivir con su situación.
PULPIT, coordinado por la Universidad de Lisboa y desarrollado por un consorcio internacional de universidades, busca incorporar la voz de los pacientes a la formación de los futuros profesionales sanitarios y favorecer desde las primeras etapas universitarias una atención más empática, colaborativa y centrada en la persona.
La sesión final ha cerrado el programa, pero ha dejado una idea compartida entre estudiantes y pacientes. La calidad de la atención sanitaria depende del conocimiento clínico, pero también de saber escuchar, comunicar, trabajar con otros profesionales y comprender que cada decisión afecta a una persona con una historia, unas prioridades y una forma propia de vivir su salud.