- Los profesores de la Universidad Europea son los dos únicos docentes de universidades de la Comunidad de Madrid entre los finalistas de los conocidos como “Goya de la Educación”
- La Universidad Europea es, junto con la Universidad de Santiago de Compostela, la única institución que sitúa a dos profesores entre los diez seleccionados
Hay muchas maneras de dejar huella en un aula. Exigir cuando un estudiante puede dar más, acompañarle cuando necesita confianza, acercarle a problemas reales o conseguir que vuelva a mirar su disciplina con curiosidad son algunas de ellas. Jorge López Fernández y Ángela Ruiz Plaza, profesores de la Universidad Europea, han sido reconocidos entre los diez mejores docentes universitarios de España de los Premios EDUCA ABANCA Mejor Docente de España 2026, conocidos popularmente como los “Goya de la Educación”. La presencia de ambos sitúa a la Universidad Europea, junto a la Universidad de Santiago de Compostela, como una de las dos únicas instituciones con dos representantes entre los diez finalistas. Jorge y Ángela son, además, los únicos docentes de universidades de la Comunidad de Madrid incluidos en esta selección.

En estos premios, el punto de partida está en el aula. Son los propios estudiantes, quienes proponen las candidaturas de los docentes universitarios. A partir de ahí se seleccionan diez finalistas por categoría, publicados por orden alfabético y sin posiciones asignadas. El desenlace llegará en enero de 2027, cuando la gala de A Coruña revele las puntuaciones y proclame al Mejor Docente de España 2026 en cada categoría.
Jorge López Fernández, exigir para ayudar a descubrir hasta dónde puede llegar cada estudiante
Para Jorge López Fernández, profesor de Gestión Deportiva de la Universidad Europea y director del Máster Universitario en Marketing Deportivo Online de la Escuela Universitaria Real Madrid - Universidad Europea, la exigencia forma parte del proceso educativo siempre que vaya acompañada de orientación, seguimiento y oportunidades para seguir creciendo.
“Desde el principio de curso intento que mis estudiantes compartan mi visión de una educación basada en máximos. Que aprovechen la asignatura para ir más allá de aprobar o cumplir los requisitos mínimos y que descubran hasta dónde pueden llegar cuando trabajan con rigor, constancia y sentido”, explica. Su objetivo es que esa exigencia sea progresiva y adaptada a cada persona. Por eso, el trabajo en el aula se acompaña de feedback y una guía personalizada que le permite observar la evolución de los estudiantes y empujarles fuera de su zona de confort dentro de un entorno en el que puedan asumir nuevos retos con seguridad.

Esa forma de enseñar está estrechamente ligada a la realidad profesional. Los estudiantes trabajan con casos actuales, proyectos y retos en los que deben buscar información fiable, diagnosticar situaciones, entender los intereses de diferentes actores y defender sus decisiones. Una experiencia activa de aprendizaje que busca que conocimiento y aplicación avancen juntos: “Me interesa especialmente que aprendan a desenvolverse en escenarios que se aproximen a la complejidad profesional”, señala López Fernández. Durante los proyectos introduce nuevas variables, cuestiona determinadas decisiones y obliga a reconsiderar propuestas que inicialmente podían parecer válidas. “Ese equilibrio entre conocimiento, experiencia y capacidad de decisión es el que, en mi opinión, les permite prepararse para una realidad profesional cambiante”.
El contacto con la industria deportiva, pero también con ámbitos como el entretenimiento, la tecnología o los medios, ocupa un lugar importante en sus clases. A ello se suman oportunidades de voluntariado, competiciones y proyectos externos que permiten a los estudiantes comprobar cómo responden cuando el aprendizaje sale del aula y se enfrenta a situaciones diferentes.
Cuando termina una asignatura, López Fernández espera que quede algo más que lo aprendido durante el curso: “Me gustaría que se llevasen la pasión por hacer bien las cosas y la confianza de saber que están preparados para afrontar cualquier reto. Intento que cada estudiante descubra su mejor versión y comprenda que puede aspirar a puestos de responsabilidad y a proyectos profesionales que de verdad le motiven, siempre que esté dispuesto a trabajar con rigor, constancia y compromiso”, afirma el profesor de la Universidad Europea.
Ángela Ruiz Plaza, convertir la curiosidad en una forma de aprender
La enseñanza de Ángela Ruiz Plaza, docente y co-IP del Grupo de Investigación M.A.R.T.E. Microbiología, Arquitectura Regenerativa y Tecno-Ecología de la Escuela de Arquitectura, Ingeniería, Ciencia y Computación, parte de la creatividad, la cercanía y un conocimiento muy personal de quienes comparten el aula con ella.
“Es una alegría enorme y una recompensa generosísima a mi pasión por la docencia”, explica sobre su presencia entre las diez finalistas. Para Ruiz Plaza, el reconocimiento pone en valor una forma de enseñar en la que el vínculo con los estudiantes resulta inseparable del conocimiento: “Siento que lo que aporto a mis estudiantes no es solo conocimiento, sino también mucho cariño, empatía y sentido del humor”.
Conocer sus nombres, observar cómo trabajan y comprender qué necesita cada persona forma parte de ese proceso: “No todos necesitamos lo mismo. Algunos necesitan que les exijan un poco más y otros necesitan que alguien les ayude a confiar en sí mismos y a descubrir de lo que son capaces”, señala. Su propósito es conseguir que las clases sean espacios en los que los estudiantes participen, se sorprendan y encuentren razones para implicarse.

En Arquitectura, esa filosofía puede adoptar formas muy diferentes. Ruiz Plaza incorpora juegos, escape rooms, concursos y actividades de innovación docente que convierten el proceso creativo en una experiencia activa: “Creo que los docentes ya no somos únicamente transmisores de conocimiento, sino, sobre todo, contagiadores de entusiasmo y motivación”, explica. Algunos de sus proyectos llevan a los estudiantes a imaginar arquitecturas para habitar Marte, plantear soluciones ante escenarios de ciencia ficción o desarrollar diseños biomiméticos inspirados en animales. El objetivo no es alejarles de la realidad, sino enseñarles primero a explorar posibilidades.
“Me interesa que salgan de lo convencional, que piensen out of the box y que se atrevan a imaginar aquello que todavía no existe”, señala. Después llega el momento de contrastar esas ideas con sus más de veinte años de experiencia profesional, trabajando sobre clientes, concursos, cambios e imprevistos. “Me gusta que entiendan que la creatividad no está reñida con la realidad, sino que es precisamente una de las herramientas más valiosas para enfrentarse a ella”.
Ruiz Plaza espera que, cuando sus estudiantes abandonen sus clases, conserven algo que vaya más allá de las herramientas técnicas: “Me gustaría que mis estudiantes se llevaran curiosidad, autonomía, capacidad crítica y confianza en sí mismos. Que aprendan a hacerse preguntas, a no tener miedo a equivocarse, a buscar soluciones diferentes y a entender que casi nunca existe una única respuesta correcta”.
Dos formas distintas de entender la docencia que comparten un mismo punto de partida: situar al estudiante en el centro, conocer sus capacidades y ofrecerle experiencias que le permitan desarrollarlas. La presencia de Jorge López Fernández y Ángela Ruiz Plaza entre los diez mejores docentes universitarios de España reconoce dos maneras de enseñar que encuentran en la exigencia, la creatividad, el acompañamiento y la conexión con la realidad profesional distintas vías para lograr que cada estudiante pueda descubrir hasta dónde es capaz de llegar.