Especialistas alertan, durante una mesa redonda organizada por la Universidad Europea de Valencia, de que la enfermedad va mucho más allá de la pérdida de memoria y defienden una intervención coordinada desde el minuto uno que integre salud, nutrición, movilidad y entorno familiar

El Alzheimer exige una respuesta integral, coordinada y temprana que trascienda el enfoque tradicional centrado en la memoria. Así lo han puesto de manifiesto diversos especialistas en el marco de la mesa redonda “Trabajando desde la multidisciplinariedad en pacientes con Alzheimer”, organizada por el Máster de Nutrición Clínica de la Universidad Europea de Valencia.
El encuentro reunió a expertos en nutrición clínica, fisioterapia, enfermería, logopedia, psicología, medicina e investigación con el objetivo de abordar de forma conjunta los retos reales que plantea esta enfermedad en la práctica clínica y en la vida cotidiana de pacientes, familias y cuidadores. Uno de los mensajes clave fue la necesidad de dejar de entender el Alzheimer exclusivamente como un problema de memoria, para abordarlo como una patología compleja que afecta progresivamente a la funcionalidad, la conducta, la alimentación, la movilidad, el sueño, la deglución y la autonomía personal.
La nutrición clínica se posicionó como uno de los grandes pilares del abordaje. Las especialistas María Eugenia Menechey Machado, codirectora del Máster en Nutrición Clínica de la UEV, y Alba Durba Lacruz alertaron de los múltiples factores que comprometen la alimentación del paciente, desde la pérdida de apetito y los cambios de conducta hasta la dificultad para reconocer alimentos o la presencia de disfagia. Ambas coincidieron en la necesidad de intervenir desde fases tempranas para prevenir la desnutrición y la sarcopenia, pero también en la importancia de no perder de vista el componente emocional y social de la alimentación, especialmente en las fases más avanzadas.
Por su parte, el Dr. Vicente Bigorra subrayó la importancia de avanzar hacia un diagnóstico temprano que permita intervenir desde las primeras fases de sospecha clínica. Además, destacó que la labor médica debe ir más allá de la identificación de la enfermedad, incorporando la orientación sobre aspectos esenciales de la vida diaria como la seguridad del paciente, la conducción, la gestión de la medicación o la toma de decisiones, elementos que impactan directamente en la calidad de vida.
Desde el ámbito de la investigación, la Dra. Ana Lloret Alcañiz incidió en que el Alzheimer puede comenzar años antes de la aparición de los primeros síntomas visibles, lo que refuerza la importancia de profundizar en el conocimiento de sus mecanismos biológicos y en el desarrollo de tratamientos eficaces. Asimismo, puso en valor factores como el sueño o los hábitos de vida activos —cognitivos, sociales y físicos— como elementos clave en la salud cerebral a lo largo de toda la vida.
Por su parte, el Dr. Carlos Villarón Casales, defendió que el objetivo de la fisioterapia no es únicamente mejorar, sino mantener la funcionalidad el mayor tiempo posible. En este contexto, preservar la movilidad, el equilibrio, la fuerza y la autonomía se convierte en una prioridad terapéutica, siempre desde una adaptación individualizada y vinculada a actividades significativas para el paciente.
El papel del cuidado diario centró la intervención de Ignacio Bonastre Ferez, docente del grado en Enfermería de la UEV, quien puso el foco en la prevención de complicaciones y en la importancia del cuidador como figura esencial en la evolución de la enfermedad. En este sentido, advirtió de la necesidad de proporcionar formación, apoyo y recursos adecuados para evitar el desgaste físico y emocional de quienes acompañan al paciente.
La logopeda Catalina Heredia Riaño abordó uno de los aspectos menos visibles, pero más críticos: la disfagia. Alertó de que este problema suele detectarse tarde y puede comprometer gravemente la seguridad alimentaria, por lo que insistió en la necesidad de realizar valoraciones específicas y de formar a familiares y cuidadores para adaptar correctamente las texturas sin renunciar al placer de comer.
Desde la psicología, Belén Reyes recordó que muchas de las conductas asociadas al Alzheimer, como la apatía o la irritabilidad, deben interpretarse como manifestaciones de la enfermedad y no como una falta de colaboración. Defendió un enfoque centrado en la persona, que tenga en cuenta su historia, su entorno y sus necesidades emocionales, así como el acompañamiento activo a las familias, que son quienes con frecuencia detectan los primeros signos de alerta.
De forma transversal, los expertos coincidieron en que el abordaje debe comenzar desde el primer momento, sin esperar a fases avanzadas, e integrar a la familia como parte activa del proceso terapéutico. Además, destacaron que la coordinación entre profesionales resulta clave para evitar mensajes contradictorios y ofrecer una atención coherente y eficaz.
El encuentro, en definitiva, puso de relieve que mejorar la calidad de vida de las personas con Alzheimer pasa necesariamente por un enfoque multidisciplinar que combine mirada clínica, funcional, emocional y social, y que sitúe tanto al paciente como a su entorno en el centro de la intervención.