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Biodiversidad funcional: qué es, características y ejemplos

Sostenibilidad

11 de febrero de 2026
imagen de abejas en un panal, un tipo de biodiversidad funcional

La naturaleza funciona como una red compleja donde cada especie aporta algo esencial al equilibrio del planeta. No se trata solo de cuántos seres vivos existen, sino de las funciones que desempeñan y de cómo interactúan entre sí para mantener procesos tan importantes como la fertilidad del suelo, la regulación del clima o la producción de alimentos. Entender estas dinámicas es clave para afrontar algunos de los grandes retos ambientales actuales.

La biodiversidad funcional permite analizar esos roles y comprender por qué la pérdida de determinadas especies puede tener efectos mucho mayores de lo que parece. Si te interesa profundizar en estos procesos y formarte para proteger el medio natural de forma profesional, puedes estudiar el Grado en Medio Ambiente presencial en Madrid o su modalidad a distancia a través del Grado en Ciencias Ambientales online de la Escuela de Sostenibilidad de la Universidad Europea.

A lo largo del artículo veremos qué es la biodiversidad funcional, cuáles son sus principales características y algunos ejemplos de su aplicación en la naturaleza y en los sistemas productivos.

¿Qué es la biodiversidad funcional?

La biodiversidad funcional hace referencia al conjunto de funciones ecológicas que desempeñan los organismos dentro de un ecosistema, más allá del número de especies que lo componen. Es decir, no se centra solo en cuántas especies existen, sino en qué hacen y cómo contribuyen al funcionamiento del sistema natural.

Este enfoque complementa el concepto clásico de biodiversidad, y pone el foco en los rasgos funcionales de las especies, como su forma de alimentarse, reproducirse, dispersar semillas o regular poblaciones. Gracias a estas funciones, los ecosistemas mantienen procesos esenciales como el ciclo de nutrientes, la polinización o el control biológico de plagas.

La biodiversidad funcional es especialmente importante porque aumenta la resiliencia de los ecosistemas. Cuando existen varias especies capaces de cumplir funciones similares, el sistema es más estable frente a perturbaciones como incendios, sequías o la actividad humana.

Características de la biodiversidad funcional

La biodiversidad funcional presenta una serie de rasgos que explican por qué es tan relevante para la sostenibilidad ambiental y la gestión de los territorios.

  • Diversidad de funciones ecológicas

No todas las especies cumplen el mismo rol. Algunas descomponen materia orgánica, otras producen oxígeno, regulan poblaciones o facilitan la regeneración del suelo. Cuantas más funciones estén cubiertas, mejor será el funcionamiento del ecosistema.

  • Redundancia funcional

En muchos ecosistemas, diferentes especies pueden desempeñar funciones similares. Esta redundancia es positiva porque actúa como un “seguro ecológico”: si una especie desaparece, otra puede asumir su función y evitar el colapso del sistema.

  • Relación directa con los recursos naturales

La biodiversidad funcional influye directamente en la disponibilidad y calidad de los recursos naturales, como el agua, el suelo fértil o el aire limpio. Los ecosistemas funcionalmente diversos son más eficientes en el uso de estos recursos y menos vulnerables a su degradación.

  • Indicador de salud ambiental

Un ecosistema con alta biodiversidad funcional suele ser más estable y productivo. Por eso, este tipo de biodiversidad se utiliza como indicador para evaluar el impacto ambiental de actividades humanas como la agricultura, la urbanización o la explotación forestal.

Ejemplos de biodiversidad funcional

La biodiversidad funcional se manifiesta de forma clara en distintos entornos naturales y productivos. Algunos ejemplos representativos son:

  • Polinizadores y reproducción de las plantas: abejas, mariposas, aves y otros insectos polinizadores hacen posible la reproducción de numerosas especies vegetales. Su actividad es esencial tanto para los ecosistemas naturales como para los cultivos agrícolas y para la conservación de muchas especies endémicas.
  • Control biológico de plagas: depredadores naturales como aves insectívoras, mariquitas o ciertos microorganismos ayudan a mantener bajo control las poblaciones de plagas. Este equilibrio reduce la necesidad de pesticidas químicos y favorece modelos de agricultura sostenible más respetuosos con el medio ambiente.
  • Descomposición de la materia orgánica: hongos, bacterias y pequeños invertebrados descomponen restos vegetales y animales, transformándolos en nutrientes que enriquecen el suelo y permiten el crecimiento de nuevas plantas.
  • Regulación del clima y del ciclo del agua: bosques, praderas y humedales contribuyen a regular la temperatura, retener el agua y prevenir la erosión del suelo. La diversidad funcional de la vegetación refuerza la estabilidad de los ecosistemas frente a fenómenos extremos.

Biodiversidad funcional y futuro profesional

La biodiversidad funcional es clave para comprender cómo se mantienen los ecosistemas y cómo pueden gestionarse de forma sostenible ante retos como el cambio climático o la pérdida de hábitats. Analizar las funciones que desempeñan las especies no solo mejora las estrategias de conservación, sino que también permite tomar decisiones más eficaces en la planificación territorial y el uso responsable de los recursos naturales.

Esta mirada funcional de la naturaleza tiene una aplicación directa en el ámbito profesional, ya que permite desarrollar proyectos de restauración ecológica, gestionar espacios naturales o impulsar modelos de agricultura sostenible. Por ello, la demanda de perfiles especializados en ciencias ambientales sigue creciendo en sectores donde la sostenibilidad se ha vuelto prioritaria y donde la formación juega un papel determinante.

Si te interesa formar parte de este cambio, existen muchas carreras de medio ambiente entre las que puedes elegir. Dentro de la Escuela de Sostenibilidad de la Universidad Europea encontrarás los grados y masters que te permitirán especializarte y contribuir activamente a la protección del planeta.