- “El turista internacional gasta de tres a seis veces más que el visitante local, generando beneficios significativos para las economías anfitrionas”, José Bonal, profesor del Global Sport Management de la Universidad Europea
- “No es solo fútbol, es turismo, consumo digital y un fenómeno cultural global”

La cuenta atrás para el Mundial 2026 ya ha activado una cadena económica que trasciende lo deportivo. Aunque los partidos no se disputarán hasta el próximo verano, ya hay industrias que experimentan un incremento de la actividad. “Los sectores de infraestructura y turismo serán los primeros en notar el impacto económico, especialmente por la construcción de estadios y la llegada de visitantes internacionales con un alto poder adquisitivo”, asegura José Bonal, profesor de Global Sport Management de la Universidad Europea.
Tras el sorteo de grupos, la dinámica de precios de entradas y paquetes de viaje ha cambiado. “Ahora que se sabe dónde jugará cada selección, los aficionados compran con más criterio. Las entradas más atractivas suben de precio rápidamente”, apunta Bonal. Los partidos de alto perfil pueden triplicar su precio oficial incluso meses antes del evento, con entradas ya consideradas productos de inversión.
Una de las claves está en el turismo internacional. El grupo de investigación de la Universidad Europea al que pertenece José Bonal ha detectado que un aficionado extranjero gasta hasta seis veces más que un local durante el torneo. Ese gasto incluye vuelos, alojamiento, restauración, entradas, productos oficiales y ocio paralelo. “El Mundial es una experiencia integral para el viajero, no solo un evento deportivo. Quien vuela miles de kilómetros busca vivirlo todo”, apunta el experto.
“El fútbol genera conexiones sociales y eso lo convierte en una excusa perfecta para viajar en grupo, en familia o con amigos”, explica el profesor de la Universidad Europea. Es por ello por lo que muchas agencias de viajes y plataformas de experiencias durante el Black Friday y la campaña navideña han lanzado paquetes temáticos que combinan deporte, turismo y comunidad.
Por otro lado, Las marcas deportivas también han activado ya sus estrategias comerciales. Bonal señala que “la camiseta oficial de cada selección es hoy un símbolo cultural y generacional, especialmente entre el público joven. Además, esta narrativa se extiende al entorno digital: videojuegos, contenidos interactivos y experiencias inmersivas que están posicionando el torneo como un producto global antes de que ruede el balón.
De momento, la edición de 2026 es la más ambiciosa de la historia, con 48 selecciones y múltiples sedes, pero esta expansión también plantea desafíos. El experto de la Universidad Europea advierte de que “hay algunas sedes, especialmente de Canadá sin tradición futbolística y hay que ver si logran movilizar al público local. El reto será llenar estadios con partidos menos mediáticos, donde el atractivo se limita al contexto del Mundial más que al contenido”.
En cualquier caso, el impacto no se detiene en el torneo. Bonal sostiene que este Mundial “puede cambiar las reglas del juego en mercados como Estados Unidos o Canadá, donde el fútbol aún compite con otros deportes masivos”. Las previsiones apuntan a un aumento en academias, patrocinios y profesionalización. “Es un punto de inflexión. Lo que se siembra ahora marcará el futuro del ecosistema deportivo de toda la región”, concluye.